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¿DE VERDAD UN NUEVO BACHILLERATO?
Xavier Gisbert Da Cruz
(ANCABA-MADRID)
No
digo nada nuevo si afirmo que el sistema educativo español está enfermo.
Tampoco si mantengo que lleva en esa situación unos quince años. Tras el
fracaso de la LOGSE, la LOE ha venido a impedir toda curación. Sorprende
oir que el profesorado está cansado de tanto cambio en educación cuando en
realidad apenas se han producido unas mínimas variaciones. Nuestro sistema
educativo es el mismo desde 1990. Sin embargo y a pesar de las evidencias
que demuestran su fracaso, todo apunta a que el Ministerio de Educación y
Ciencia no tiene intención de rectificar su desastrosa política educativa.
Todos los indicadores y todas las proyecciones, hasta las más optimistas,
lo confirman: hemos perdido el tren de Europa. España no alcanzará los
objetivos de Lisboa para 2010. Según unos recientes datos de la Unión
Europea, España es el tercer país por la cola en cuanto a abandono
educativo temprano, duplicando prácticamente la media europea.
Los
dos años de paralización de la Ley de Calidad, hasta la aprobación de la
LOE, han tenido mucho que ver en este asunto. Pero no importa, parece que
el objetivo es ahora intentar maquillar alguno de esos resultados para dar
la impresión de que vamos por buen camino. Pero desgraciadamente para
algunos la realidad es muy tozuda.
Hace poco más de un año,
el Congreso de los Diputados aprobó la LOE, la ley educativa con menos
apoyo social y menos apoyo parlamentario de toda la democracia. Esta Ley,
apoyada tan sólo por el 51% de la cámara y continuidad de la LOGSE no
aporta soluciones a los problemas de nuestro sistema educativo ni
introduce elementos de modernización. Consolida un sistema ineficaz que
conduce a una secundaria superior invertida con respecto a los países más
avanzados. En Europa uno de cada tres jóvenes estudia bachillerato
mientras que dos de cada tres eligen una formación profesional; sin
embargo en España es al revés, dos de cada tres alumnos van al
bachillerato y solamente uno de cada tres a formación profesional. Esto,
sumado al hecho de que más de un 30% de nuestros estudiantes es expulsado
del sistema educativo sin titulación alguna, presenta un panorama que
debiera hacer reflexionar seriamente a nuestros responsables políticos.
El
proyecto de Real Decreto de bachillerato que el Ministerio de Educación y
Ciencia ha hecho público ha creado una gran alarma y una honda
preocupación en la comunidad educativa. El ridículo Bachillerato español
de dos años, único en Europa, que ningún gobierno se ha atrevido a
modificar, se ha mantenido hasta ahora como único reducto en el que era
posible frenar la antes llamada “egebeización” y ahora “primarización” de
todo el sistema. Al tratarse de enseñanzas postobligatorias, esa etapa
permitía el mantenimiento de cierta exigencia y la posibilidad de ciertos
niveles de calidad. Pero parece que tiene los días contados. La aprobación
del Decreto propuesto puede suponer el fin del Bachillerato en el sistema
educativo español. ¿Es eso lo que nuestro país necesita? Los defensores de
la enseñanza pública, los que creemos de verdad en la escuela pública,
estamos convencidos de que las consecuencias pueden ser catastróficas. La
propuesta del Ministerio permite que un alumno estudie los dos años de
bachillerato en tres o más. Este modelo, perfectamente comprensible para
jóvenes que trabajan al tiempo que estudian no tiene sentido si se aplica
a alumnos cuya única dedicación es el estudio. Esto supone además
pervertir el sistema de promoción y es contrario a lo que establece la
propia LOE. Permitir que un alumno que suspenda tres o cuatro asignaturas
de primero repita las asignaturas suspensas y curse al mismo tiempo
asignaturas de segundo curso va a crear tremendos problemas de
organización en los centros. El MEC insiste en que es una buena propuesta.
Si es así, ¿porqué no se incluyó en la LOE, recién aprobada? Y si de
verdad es buena pero contradice a la ley, ¿no sería más adecuado cambiar
la LOE? En cualquier caso, no nos engañemos, nada tiene que ver esta
propuesta con el bachillerato de tres años que llevamos reclamando desde
la implantación de la LOGSE y que ahora todo el mundo parece desear. No es
lo mismo el bachillerato actual de dos años cursado en tres o cuatro años
que un bachillerato de tres años.
Un
análisis serio y profundo de la propuesta conduce a una sola
justificación: mantener el mayor número de alumnos escolarizados en la
enseñanza postobligatoria para acercarnos lo más posible a uno de los
objetivos de Lisboa para 2010. Lo malo es que esta medida se pretende
aplicar a cualquier precio. Incluso a costa de perjudicar aún más la
Formación Profesional ya que la ilusión de un Bachillerato a la carta, a
plazos y por lo tanto sin calidad ni exigencia atraerá aún más alumnos a
esta oferta. La pregunta es: ¿Vale la pena engañar y sacrificar el futuro
de muchos jóvenes para conseguir unos resultados maquillados?
Evidentemente no.
Las
soluciones son bien sencillas; en primer lugar reconocer que España no va
a alcanzar los objetivos de Lisboa para 2010; en segundo lugar retirar la
propuesta de Decreto y elaborar un documento que se ajuste a lo que
establece la LOE; y finalmente elaborar una nueva Ley de Educación que,
fruto del consenso y de un pacto de estado, permita la puesta en marcha de
un sistema educativo moderno y de calidad en el que nuestros jóvenes
puedan transitar con las garantías necesarias y recibir la formación que
mejor se adapte a sus necesidades, capacidades y aptitudes. |